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lunes, 1 de mayo de 2017

Dos ayuntamientos persiguen por absentismo a los padres con hijos que sufren acoso escolar

Dos ayuntamientos persiguen por absentismo a los padres con hijos que sufren acoso escolar

Los afectados denuncian que la administración penaliza a las familias con expedientes por abandono y la amenaza de perder la custodia



Saben que más de uno las ha tildado de «madres conflictivas o locas» porque no han dado su brazo a torcer: su hijo sufría (o sufre) acoso escolar y no son «ni cosas de niños», ni un asunto menor, ni «culpa» de la víctima o de su entorno familiar.
Sin embargo, cuando –«cansadas» de que el problema no se solucione, de que el agresor «no sufra consecuencia alguna» y de que su hijo perpetúe las secuelas del acoso escolar mientras esperan un cambio de colegio– deciden no llevar al menor al centro escolar (y acumulan una serie de faltas sin justificar), la escuela activa el protocolo de absentismo escolar y los servicios sociales municipales entran en escena. Y es que, con acoso o sin él, los menores deben asistir a clase.
El sistema no distingue entre absentismo escolar y absentismo escolar de una víctima de bullying y las consecuencias pueden ser (y son) dramáticas para numerosas familias que ven cómo la sombra de los servicios sociales recae sobre su núcleo familiar, con un expediente abierto por desamparo del menor y no por acoso escolar. Y eso que las ausencias escolares continuadas de un alumno o las quejas de los padres de que no quiere acudir a las clases es una de las claves para detectar casos de bullying.
El sistema, según la Asociación Valenciana Contra el Acoso Escolar (Avalcae), «hace agua» ya que «se victimiza aún más al menor, se investiga su entorno familiar y se cuestiona su actitud y las de sus padres, mientras la amenza de 'quitarle' la custodia a los padres es real y les ata de pies y manos a la hora de quejarse o protestar ante un acoso escolar que no se resuelve, porque ninguna parte del proceso afecta al agresor o a su familia».

«Lo primero, mi hijo»

«Mi hijo mayor está vivo porque la tutora se metió en medio y paró la paliza que le estaban dando». Sandra Marín no se esconde. No tiene miedo a represalias. Tal vez el cáncer que padece desde hace años le sirva de revulsivo para que la madre coraje que lleva dentro no permanezca escondida.
«Mi hijo tiene TDH [ Trastorno de Déficit de Atención por Hiperactividad] y sufría bullying en el colegio. No había solución. Mientras se resolvía el expediente para trasladarlo a otro centro tuvo varias faltas sin justificar. Me encaré con la dirección del centro en varias ocasiones porque el problema persistía y la consecuencia de todo ello fue la intervención de servicios sociales que aún está investigando si mis hijos sufren desamparo, lo que me parece increíble. Vamos, como si no los atendiera, ni les diera de comer, ni les llevara al médico... Mi hijo mediano padece una enfermedad rara (síndrome Sturge Weber) y solo con sus informes médicos puedo empapelar una habitación. Un grupo de acosadores le hizo la vida imposible a mi hijo mayor que, al final, tuvo que cambiar de colegio. Pero nosotros vivimos en un pueblo y nos conocemos todos. Que me tachen de conflictiva. No me importa. Pero si te enfrentas al colegio porque el acoso no se resuelve te complican la vida», asegura, mientras espera que se resuelva el expediente que tiene abierto para ver si sus hijos están atendidos como corresponde.
La otra madre que aporta su testimonio prefiere guardar el anonimato. La llamaremos María. Su hijo llevaba seis años sufriendo el acoso de un «matón» del colegio. Conforme fue creciendo, de los 6 a los 12 años, los insultos se tornaron en roturas del material escolar, persecución en el patio y agresiones.
María lo puso en conocimiento del centro desde el primer día. Tras seis años de paciencia y dudas –el centro le restaba importancia al problema– llegó el día X y su hijo sufrió una lesión grave.
«Lo primero es la salud de mi hijo así que estuvo más de una semana sin ir al colegio. Me llamaron y me dijeron que servicios sociales había abierto un expediente. Quiero aclarar que con los servicios de la Asociación Valenciana Contra el Acoso Escolar (Avalcae) de mi barrio estoy encantada, pero los que dependían del colegio me dijeron que debía colaborar porque si no tendría 'un problema'. La investigación se centró en nosotros, en nuestra familia. Ingresos, estado civil... El centro negaba el acoso escolar así que, al final, mi madre me prestó dinero y he matriculado a mi hijo en un colegio privado para que vaya los dos meses que quedan».

http://www.levante-emv.com/comunitat-valenciana/2017/04/28/ayuntamientos-persiguen-absentismo-padres-hijos/1559624.html

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